Christina Hammock Koch es una mujer única; no sólo porque ha girado 5 mil 248 veces alrededor del planeta Tierra, como tripulante de la Estación Espacial Internacional (EEI); ni porque dirigió 210 investigaciones científicas volando a 408 kilómetros sobre el nivel del mar, sino porque hoy, cuando pisó la superficie de nuestro planeta, ha impuesto un récord mundial que ninguna mujer había alcanzado: 328 días viviendo en órbita. 

La astronauta estadunidense, junto con el comandante de la estación, Luca Parmitano, de la ESA (Agencia Espacial Europea), y el comandante de la Soyuz, Alexander Skvortsov, de la agencia espacial rusa Roscosmos, realizaron un aterrizaje asistido por paracaídas, en una nave Soyuzm que llegó al sureste de Dzhezkazgan, Kazajstán.

La pionera acababa de cumplir 40 años de edad cuando subió al espacio como astronauta, graduada como ingeniera eléctrica y con posgrado en física. Al descender de la misión, Christina Koch (como es conocida en la NASA) tendrá 41 años y una cadena grande de recuerdos y satisfacciones, pues desde niña quería ser astronauta pero tuvo que pasar rudos entrenamientos de supervivencia e investigación en los dos polos de la Tierra, así como numerosas horas de vuelo y entrenamiento físico.  

Casada y aficionada a escalar montañas, acampar en espacios silvestres y practicar yoga, Christina tuvo que esperar casi 20 años para poder participar en la misión espacial de largo aliento que ahora ha inscrito su nombre en la historia. De hecho, oficialmente se le considera miembro de tres tripulaciones diferentes en la Estación Espacial Internacional, pues a lo largo de 11 meses de vivir en el espacio integró las misiones 59, 60 y 61 de la EEI. 

OBSERVADORA OBSERVADA. Al convertirse en una de las personas que ha pasado más tiempo en el espacio, Christina Koch también es objeto de vigilancia y estudio médico. El comportamiento de su cuerpo es un tema de investigación de diferentes científicos, que continuarán atentos a sus reacciones al regresar a la superficie terrestre. 

Un proyecto de investigación en particular en el que Koch participó se enfoca en estudiar la fuerza vertebral y el alcance de la degradación ósea y muscular inducida por vuelos espaciales en la columna vertebral. Su trabajo como voluntaria proporcionará información sobre el desarrollo de futuras contramedidas, como la medicina preventiva o el ejercicio. Estos resultados también podrían proporcionar recomendaciones para limitar la cantidad de fuerza a la que los astronautas están sujetos durante el lanzamiento.

La NASA tiene un riguroso proceso de entrenamiento para preparar a los astronautas para sus misiones, un estilo de vida y un régimen de trabajo completamente planeados mientras están en el espacio, y un excelente programa de rehabilitación y reacondicionamiento para ellos después de que regresen a la Tierra. 

Gracias a estas medidas, el cuerpo humano permanece robusto y resistente incluso después de pasar casi un año en el espacio. La investigación de estos estudios guiará la de la NASA en los años venideros, ya que la ésta sigue priorizando la salud y la seguridad de los astronautas en misiones de vuelo espacial, particularmente misiones de larga duración a bordo de la Estación Espacial Internacional, así como misiones a la Luna, Marte, y más allá.

Los experimentos más memorables de Koch durante su tiempo en el espacio de la estación incluyeron trabajos en la investigación de cómo se cristalizan las proteínas en ambientes de microgravedad; además de documentar cómo crecen las células cancerígenas en el espacio. Los resultados pueden apoyar el desarrollo de tratamientos oncológicos que apunten a la proteína de manera más eficaz y con menos efectos secundarios.

Cronica.com.mx

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