Nido de Víboras

SSSSSSSS… Lo más normal cuando se termina la  temporada regular de cualquier deporte, e incluso se ha celebrado el campeonato o gran final correspondiente, y el equipo “favorito” de los aficionados se quedó a la mitad del camino, o bien, en el último momento no ocurrió el “milagro” de ganar la justa, de inmediato se busca al culpable de la derrota. Por lo general los que empiezan con ese rollo son los dueños de las escuadras.

Y de la manera más sencilla, sin mucho pensarla, dicen los conocedores de muchas disciplinas del deporte profesional, “los del billete” determinan que la pieza a la que hay que cambiar es al director técnico del equipo. Es la historia de siempre.

Así vemos, por ejemplo, que en el deporte del beisbol o del futbol profesional de nuestro país o del extranjero, hay escuadras malas, incompetentes, integradas en su mayoría por figuras populares, “que venden”, o sea que llenan los estadios, ídolos de la afición en otras palabras; pero que su desempeño en la cancha o en el césped deja mucho que desear.

Pero como ese o esos jugadores “estrella” son las figuras en las que se depositó la confianza de obtener el máximo trofeo y a esa posibilidad real o ficticia le apostaron, pues aunque sean “maletas” no los mueven. Es entonces cuando en la vida de un club deportivo profesional empieza a haber un desfile interminable de directores técnicos o managers, mientras se conservan a los mismos “inútiles  de siempre” temporada tras temporada. Una salida facilona.  

Exactamente lo mismo sucede en la política.  

Luego de la derrota de uno o varios candidatos en una contienda electoral  empieza el reparto de culpas y por lo general recae en los dirigentes partidistas el durísimo señalamiento de ser “la pieza que no funcionó”, como si éstos hubiesen sido los únicos que escogieron a los perfiles que habrían de participar en la competencia. De hecho, nunca han sido los líderes formales de un partido los que escogen a los candidatos, sino otras fuerzas.

Quienes piensan de manera simplista en que solo hay que cambiar a los dirigentes partidistas luego de una derrota electoral, no reparan en que la mayoría de los casos de derrotas electorales se deben éstas a los malos perfiles seleccionados o bien, a las equivocadas estrategias de campaña que se llevaron a cabo, que siempre son decisiones colegiadas; pero ante todo, opiniones por lo general impositivas de quienes verdaderamente mandan.

Completan este terrible panorama, las casas encuestadoras desafortunadamente han sustituido el papel de los marcadores que, mientras éstos indican paso a paso el desempeño y porcentaje real de efectividad de un equipo durante la temporada, aquellas sólo manejan “percepciones” de aceptación o rechazo a través de sondeos a los que por lo general, la población responde con mentiras.

El resultado es que a la hora de las derrotas, suponiendo en el mejor de los casos que fueran una verdadera sorpresa para los perdedores y no algo ya calculado, de inmediato se empiezan a buscar a los culpables, evitando ponerle nombre y apellido a lo que sucedió en realidad.

Aquellos que perdieron su apuesta en estas pasadas elecciones no debieran buscar culpables en donde no los hay; mejor debieran hacer un ejercicio de profunda reflexión y empezar por deshacer algunos mitos sobre la personalidad del sonorense, al que equivocadamente consideran casi como “un ente especial”, cuando en realidad, es solo integrante de una población que más de la mitad prefirió quedarse en sus casas a disfrutar de otro domingo más de ocio, “rascándose la frente”, por no decirlo de manera más explícita. Igual que lo hizo en el 2018. De ahí el altísimo abstencionismo registrado en Sonora que fue de alrededor del 56 por ciento.

Y si a eso usted le suma que algunos de los candidatos-jugadores “estrella” de los partidos-equipos perdedores son los mismos “maletas” de siempre, entonces se tiene lo que ya se conoce como “el resultado de siempre”. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un dirigente partidista en ese despliegue de yerros?

Ojalá que los bajísimos, paupérrimos, índices de participación ciudadana del pasado domingo 6 de junio sean la lección que necesitamos los sonorenses  para darnos cuenta de que ya sea para elegir bien o mal, debemos salir a votar el día de la elección la gran mayoría de quienes integramos la lista nominal.

Los que perdieron no deben “tirar piedras al matorral, ‘juída’ la liebre”, ni achacárselo simplonamente al hartazgo o alguna otra entelequia, sino encarar de manera valiente la realidad.

Uno de los aspectos cruciales es que hubo uno o varios malos candidatos y se desplegaron malas estrategias. Ahí está a la vista el resultado; pero no es fácil llegar las conclusiones sin un buen análisis, sin miedo a llamarle a las cosas por su nombre.

SSSSSSSS… Primero criticó con dureza el presidente López Obrador que el Gobierno de los Estados Unidos apoyara con recursos financieros a organizaciones “neoliberales”, “conservadoras”, enemigas de su régimen como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), que dirige María Amparo Casar.

Marcelo Ebrard mandó después una jota diplomática a la Embajada de los Estados Unidos en la CDMX en tono de reclamo y en una de sus mañaneras, López Obrador dijo que en la próxima visita de Kamala Harris, la vicepresidenta de ese país, no se tocaría ese asunto, “porque no estaba en la agenda”.

Pero AMLO no esperó mucho por la respuesta, NO de la Embajada, sino del propio Joe Biden, la firma principal de “Los Yunaites”, quien recalcó que su país seguiría apoyando en todo el mundo a aquellos organismos y medios de comunicación que combatían la corrupción.

Y ayer, el gobierno de México firmó un memorándum con la Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional (USAID),  precisamente la agencia que AMLO acusó de estar financiando a organizaciones con fines injerencistas en México, como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

El memorándum firmado este martes por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y el encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en México, John Creamer, tiene como objetivo establecer el marco de referencia para que ambos países ayuden a que El Salvador, Guatemala y Honduras se desarrollen.

Tiene este memorándum fines muy concretos sobre financiar entre México y EEUU, proyectos de inversión que ayuden a regular la migración desde Centroamérica hacia la Unión Americana. Pero entre sus acuerdos, no excluye a MCCI de nada, absolutamente nada.

Ojalá y esto sirva para que el Presidente de México le baje dos rayitas a sus ataques hacia este organismo que, dicho sea de paso, sí le puso el cascabel al gato en materia de exhibir prácticas de corrupción que irritaron sobremanera a López Obrador. 

SSSSSSSS… Entre hoy y el viernes se definen los triunfos y derrotas de aquellos candidatos que aún están en la cuerda floja. Por supuesto que seguirá un largo tramo de controversias ante las instancias correspondientes; pero la gran mayoría de los casos tendrán su punto de partida con los datos que arroje la autoridad electoral. Habrá muchos pataleos, como es natural en estos casos.

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