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Los animales salvajes nunca matan por deporte, el hombre es el único para quien la tortura y la muerte del prójimo son divertidas en sí mismas

James Anthony Froude
 

Durante años, los grupos delincuenciales se han apoderado, sistemáticamente, de la vida de todas las familias de bien, porque con su operación de violencia, nos han robado la paz y la tranquilidad a todos.

Estas familias, producto del esfuerzo, con décadas de vida laboral honesta, con el mismo tiempo de influencia positiva en la vida diaria de Sonora, familias que generan empleos y que pagan puntualmente sus impuestos y servicios, ahora viven en la zozobra, con el temor de convertirse en victimas directas, y en el peor de los casos, en la estadística del "hora y lugar equivocado".

Pero no solo eso, también padecen porque cualquier miembro de la familia puede caer en las fauces de las adicciones, o empezar a ser extorsionado solo por ser empresario exitoso, o de sufrir en carne propia los asaltos, secuestros, violaciones y hasta la muerte de seres queridos.

De un tiempo a la fecha, estos delincuentes, lacras de la sociedad, los que nos han robado la paz y la tranquilidad, se han estado disputando el terreno como si en verdad les perteneciera, y por eso muestran un comportamiento agresivo, y cada día que pasa, más violento.

Por eso, las altas estadísticas de ejecuciones, a cualquier hora del día, por eso las privaciones ilegales de la libertad entre ellos, por eso los ataques con armas de grueso calibre a las propiedad y bienes de quienes consideran sus enemigos. Por eso las pugnas entre grupos delincuenciales.

Y ante esa desmedida ola de violencia, sin notarlo, sin entenderlo, nos hemos convertido en defensores de los delincuentes.

Y es que, mire, con todo el riesgo que representa decirlo, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, se lea o se escuche mal, en realidad, SI SE ESTÁN MATANDO ENTRE ELLOS.

Mire, déjeme explicarlo mejor: mientras ellos, los delincuentes, generan dinero producto de sus actividades ilícitas, usted y yo no disfrutamos de un solo centavo de esas ganancias deshonestas. Mientras estos grupos delincuenciales adquieren bienes materiales, usted y yo ni por enterados nos damos. Mientras ellos viven como "buchones", nosotros vemos a la distancia, procurando mantenernos alejados. Mientras estos delincuentes imponen su ley en nuestra sociedad, nosotros procuramos ser respetuosos y obedientes de la que ya existe dentro de nuestra sociedad. Luego entonces, ¿Por qué nos debemos preocupar, si entre ellos se están matando? ¿Por qué debemos exigir a las autoridades que actúen, como si estos delincuentes en verdad merecieran justicia?

El tema es harto sensible, muy delicado de entender y de explicar, digamos, de forma civilizada, pero la verdad es que, con todo lo que podamos decir al respecto, si se están matando entre ellos.

La tragedia es grave, cuando en Caborca un varón fue ejecutado con violencia extrema, encobijado su cuerpo, y abandonado el cuerpo sin vida en un predio de la otrora Perla del Desierto. En Cajeme, duele la muerte de una joven madre de familia, también de forma violenta, dejando en la orfandad a tres hijos menores de edad. Pero, la tragedia debería menguar cuando nos enteremos que el de Caborca contaba con un largo historial delictivo, o cuando leemos que la mujer ejecutada en Cajeme, formaba pareja con un hombre también ejecutado hace apenas un año, en una aparente disputa entre narco menudistas.

¿Qué hacer cuando esto sucede? ¿Cómo entenderle al tema? Ante los posibles perfiles criminales de los ejecutados, ¿en verdad debemos reclamar justicia? Repito, es hartamente indolente decirlo, pero se están matando entre ellos. 

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